Subconsciencia vs. consciencia

¿Alguna vez te has detenido a pensar en cómo tomas tus decisiones diarias? ¿Sabías que cerca del 95% de nuestras acciones son gobernadas por el subconsciente, dejando solo un 5% de nuestras decisiones al control consciente? Este dato impactante me ha acompañado durante años, desde que lo escuché en una TED Talk, y siempre me ha llevado a reflexionar sobre cómo vivimos nuestras vidas y cómo llevamos a cabo nuestra profesión, especialmente en el campo de la pedagogía y la tarea educativa.

Quiero compartir una imagen que ha sido muy significativa para mí, una metáfora que encapsula esta división entre lo consciente y lo subconsciente.

Imagina a un elefante gigantesco con un jinete sobre su lomo. El elefante, con su descomunal fuerza, podría arrasar con todo a su paso, pero se deja guiar dócilmente por su jinete. Este jinete dirige la velocidad, el ritmo, y la dirección del elefante, pero lo hace con la esperanza de que nada inesperado suceda, porque si algo altera la calma del elefante, como una tormenta, una serpiente o cualquier otro estímulo inesperado, el control del jinete podría ser inútil.

Este símil refleja perfectamente la relación entre nuestro subconsciente (el elefante) y nuestro consciente (el jinete). En nuestra vida diaria, el subconsciente es la fuerza poderosa que nos mueve, guiada por patrones y premisas que hemos aprendido a lo largo del tiempo. Mientras todo transcurra sin sobresaltos, el jinete – nuestra conciencia – puede mantener las riendas. Pero, ¿qué sucede cuando enfrentamos una situación imprevista que despierta una respuesta emocional intensa? En esos momentos, la fuerza del elefante puede sobrepasar la capacidad del jinete para mantener el control.

Nuestras experiencias diarias generan una gama de emociones, de las cuales hay diez que son universalmente reconocidas. Algunas de estas emociones son agradables, otras desagradables, y otras una mezcla de ambas.

Las emociones agradables se almacenan en nuestro subconsciente como recursos valiosos, anclajes que podemos utilizar para enfrentar situaciones difíciles. Por otro lado, las emociones desagradables se registran como peligros potenciales, activando respuestas automáticas cuando percibimos algo similar a la experiencia original.

Lo más intrigante es que no siempre somos conscientes de estas reacciones. De hecho, no nos damos cuenta de que no nos damos cuenta de lo que realmente está ocurriendo en nuestro interior. Este ciclo de inconsciencia es una fuerza poderosa en nuestras vidas, una que toma decisiones por nosotros/as, a menudo sin que lo sepamos.

Aquí es donde surge una paradoja fascinante. Hay personas que viven sus vidas de manera “inconscientemente inconsciente”, quizás disfrutando de una existencia más despreocupada que aquellos que nos esforzamos por ser conscientes de nuestras acciones. Como profesionales de la pedagogía, esto plantea una cuestión fundamental: ¿cómo podemos hacer que nuestras prácticas educativas sean lo más conscientes posible? Para ello, debemos reflexionar profundamente sobre el qué, el cómo, el por qué y el para qué de nuestras acciones y decisiones.

Al final del día, me quedo con una pregunta que resuena en mi mente:

Es una pregunta que no tiene una respuesta fácil, pero que invita a una introspección profunda y continua. Como personas que pretenden educar, nuestra responsabilidad no solo es guiar a otras personas, sino también ser conscientes de nuestras propias limitaciones y de la influencia que nuestro subconsciente tiene sobre nuestras acciones.

Este es el reto que enfrentamos cada día en nuestra misión pedagógica. No es suficiente con hacer las cosas “bien”; debemos hacerlo de manera consciente. Debemos cuestionar nuestras motivaciones y entender que, aunque el jinete tenga las riendas, el elefante siempre estará presente, influenciando nuestras decisiones. Solo a través de esta reflexión constante podemos esperar que nuestras prácticas educativas sean verdaderamente efectivas y transformadoras. Ahí lo dejo, para que cada uno/a de nosotros/as reflexione sobre su propio elefante y jinete interior.

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